martes, 17 de noviembre de 2009

Murió Sentido Común

Hoy lloramos la muerte de un querido amigo: Sentido Común, que ha estado entre nosotros durante muchos años. Nadie sabe a ciencia cierta qué edad tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento hace mucho que se han perdido en los vericuetos de la burocracia.
Será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como que “hay que trabajar para poder tener un techo propio” y que: “se necesita leer todos los días un poco”; “para saber por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices”, y también para reconocer la validez de frases tales como: “la vida no siempre es justa” y “tal vez haya sido yo el culpable”.
Sentido Común vivió bajo simples y eficaces consignas: “no gastes más de lo que ganas”.
Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bienintencionadas, pero ineficaces: informes respecto de un niño de seis años acusado de abuso sexual por haber dado un beso a una compañera de clase; adolescentes que debieron irse a otro colegio por haber denunciado a un compañero distribuidor de droga y una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado sólo hicieron que empeorara su condición.
Sentido Común perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros sólo por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron: disciplinar a sus ingobernables hijos.
Declinó aún más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para administrar una aspirina, poner protector solar o colocar una curita a un alumno o cambiar un pañal.
Sentido Común perdió el deseo de vivir cuando los Diez Mandamientos se convirtieron en material en desuso, y cuando los criminales empezaron a recibir mejor trato que sus víctimas.
Para Sentido Común fue un duro golpe saber que uno yo no puede defenderse de un ladrón en su propia casa, pero sí que el ladrón pueda demandarnos por agresión.
La muerte de Sentido Común fue precedida por la de sus padres: Verdad y Confianza, la de su esposa Discreción, la de sus hijas Responsabilidad y Justicia, y la de su hijo Raciocinio.
Por último, cabe informar a la población que estuvieron presentes en su funeral sus espantosos hermanastros: “Llamen a mi abogado”, “Yo no fui”, “No te metas” y “Soy una Víctima de la Sociedad”.

Cuestión de actitud. Colección “Mensajes y Cuentos”. Equipo Editorial. 2009.